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T’imagines anar a la consulta mèdica i no saber explicar quins són els símptomes del mal que tens? O, al contrari, no poder atendre un pacient perquè no comprens el que t’està explicant? 
Aquesta situació i altres són les que s’han trobat usuaris i professionals de l’àmbit sanitari com a conseqüència de l’augment de la diversitat cultural als ambulatoris de la ciutat.
En aquesta xerrada, faran visibles les pràctiques interculturals inclusives que s'han dut a terme als centres sanitaris i també veurem com la població immigrada ha participat activament en la gestió de la diversitat en l'àmbit sanitari.
Xerrarem, en definitiva, sobre com, entre tots i totes, treballem perquè la gestió de la diversitat cultural sigui un símptoma de bona salut.

Amb la presència de: 

-Davide Malmusi, investigador del CIBER d'Epidemiologia i Salut Pública i l'Agència de Salut Pública de Barcelona
-Paco Collazos, coordinador del Programa de Psiquiatria Transcultural de l'Hospital de la Vall Hebron
-Corina Tulbure, mediadora intercultural de l'Associació Salut i Família.
Moderarà Rosa Puigpinós, del Servei d'Avaluació i Mètodes d'Intervenció de l'Agència de Salut Pública de Barcelona.

Quan? Dimarts 12/02, 18:30h 
On? Sala Polivalent de l'Espai Avinyó (c/Avinyó, 52)

A propòsit d'aquest tema, Itacat recomana  la lectura del bloc de l'assessora i coach personal Sophia Blasco"Què pot fer el teu mòbil per la teva salut? (infografia)".
XAVIER Rius, periodista 14/08/2012, El Periódico de Aragón.
Todo parece indicar que, lejos de conseguir una disminución del gasto público, la intención del Ministerio de Sanidad de negar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles generará un incremento de ese coste y obligará a su incumplimiento y a sucesivas rectificaciones --como ha insinuado ya el propio Gobierno--, con lo que el resultado no será de ahorro alguno.
España e Italia, que en los últimos años, con un crecimiento que demandaba más mano de obra, fueron puertas de Europa para la inmigración, eligieron en muchos periodos como método de gestión del flujo migratorio las regularizaciones extraordinarias, con la concesión de la asistencia sanitaria a los que llegaban. En España se universalizó definitivamente la sanidad con la ley de extranjería del año 2000.
SE GENERALIZÓ la sanidad no únicamente por motivos humanitarios, sino también por el peligro que significaba, a efectos del historial clínico, que unos inmigrantes acudieran con la tarjeta de un familiar, y por el mayor coste de la atención en los servicios de urgencias de quienes carecían de tarjeta, que, además, no podían seguir el tratamiento. También se hizo por el problema epidemiológico que significaba tener una media de 200.000 personas fuera del sistema. En Italia, los irregulares accedían a la tarjeta de Extranjero Temporalmente Presente, con un código anónimo renovable. Y la mayoría de los países de la Unión Europea, con un número mucho menor de irregulares, además de garantizar la sanidad de los menores y mujeres embarazadas cubrían enfermedades crónicas e infecciosas. En muchos de estos países hay instituciones sanitarias de beneficencia. En Estados Unidos, con 12 millones de sin papeles, la mayoría hacen lo que el resto de trabajadores: contratar una póliza privada. Además, existe una red --aunque precaria-- de beneficencia, algo inexistente en España.
Así las cosas, el Gobierno pretende que los inmigrantes irregulares, a excepción de menores y embarazadas, se costeen una póliza de 710 euros al año, que se incrementa para los mayores de 65 años. Una propuesta jurídicamente discutible, dado que, mientras al dar asistencia sanitaria a quien está empadronado no se firma ningún contrato, ahora se pretende que quien puede ser expulsado hoy mismo (reconociendo su condición de expulsable) firme un contrato de futuro con la Administración.
Se ha barajado que la cifra actual de irregulares oscila entre 200.000 y 300.000, incluidos los menores. Este último año se ha incrementado la cifra de extracomunitarios con permiso de residencia en algo más de 100.000, la mayoría hijos nacidos en España. Pero según los datos provisionales del padrón del INE, donde se contabiliza también a los irregulares, la cifra de extranjeros ha descendido en 40.000. Las cifras no son en modo alguno fiables, dado que decenas de miles de inmigrantes con permiso de larga duración han ido a trabajar a Alemania o Bélgica, donde pueden residir legalmente. Y también están marchando a sus países de origen, solos o con sus familias, una gran cantidad de inmigrantes con o sin papeles, no todos los cuales se han dado de baja en el padrón. Así que es imposible saber la cifra real de inmigrantes sin papeles. Pero es una evidencia que hoy ya no llegan inmigrantes y que se marchan muchos miles.
Pero se produce un problema grave: muchos inmigrantes con menos de cinco años de residencia legal en España acabarán siendo irregulares al no poder renovar su tarjeta de residencia. Y en muchas unidades familiares se dará el caso de unos miembros con permiso permanente y otros en situación irregular sobrevenida al quedar en paro. Toda la profesión sanitaria coincide en que será más caro atenderlos en urgencias que mantener la cobertura ordinaria. Y la pretensión de que paguen una póliza pública fracasará. Además, se alerta de nuevo del peligro epidemiológico de no atender el tratamiento de enfermedades contagiosas, y del mayor coste sanitario de mandar a casa a alguien operado de un tumor pero que acaba volviendo a urgencias en una situación peor al no haber recibido radioterapia. La ministra de Sanidad, Ana Mato, ha rectificado. "Ningún paciente que lo necesite va a quedarse sin atención", ha dicho, y ha insinuado que se atenderá a los enfermos crónicos e infecciosos, los posoperatorios y los tratamientos oncológicos. Y tarde o temprano deberá reconocerse que son más caras las atenciones reiteradas en urgencias que continuar con el médico de cabecera.
EVIDENTEMENTE, España debe tomar medidas para acabar con el llamado turismo sanitario, que existe porque tenemos un servicio mejor que el de otros países europeos. Pero este turismo sanitario lo realizan, sobre todo, ciudadanos de la UE. En las comunidades que gobierna, el PP no ha alimentado la rumorología sobre inmigración. Pero el Gobierno, al proponer negar la asistencia a los irregulares sobre la base de falsos motivos económicos, ha abierto un debate que solo beneficia a quienes desean sacar réditos de la xenofobia y fracturar la cohesión social en mitad de la crisis.
Por Gonzalo Fanjul

En ocasiones no es cuestión de ideología, sino de líneas rojas. Las mías fueron traspasadas ayer con la decisión de negar a los inmigrantes en situación irregular el derecho a la salud.
El Gobierno justifica su decisión en el ahorro de 500 millones de euros del gasto sanitario. Eso es, sencillamente, imposible de saber. En primer lugar, el número de extranjeros que residen irregularmente en nuestro país es enormemente vaporoso. En segundo lugar, la imposibilidad de ser atendidos en la red de asistencia primaria podría llevar a muchos de ellos a recurrir a los servicios de urgencias, que ya actúan por encima de sus posibilidades. En tercer lugar, la 'desaparición' sanitaria de una población de esta envergadura puede generar problemas de salud pública cuya resolución compense en gran medida el ahorro que se pretende hacer ahora. Un ejemplo: España es en este momento uno de los países desarrollados con mayor número de enfermos de tuberculosis, una enfermedad con variantes extremadamente peligrosas que se concentra en algunos grupos de población inmigrantes.
El recurso al argumento del 'turismo sanitario' es una infamia. Como demuestran todos los trabajos serios que se han asomado a este asunto, la mayor carga relativa de los extranjeros para nuestro sistema de salud tiene apellidos alemanes, británicos y franceses, no latinoamericanos o africanos. Es una consecuencia simple de la edad de los inmigrantes irregulares y de su temor a exponerse a cualquier tipo de autoridad. Y si no pagan más impuestos (porque contribuyen con los indirectos, señora Ministra) es porque nosotros se lo impedimos. Estudios sobre el coste de la rigidez del sistema migratorio en el Reino Unido demostraron que el Estado perdía más de 1.000 millones de libras anuales al mantener en la irregularidad a una población de trabajadores más pequeña que la nuestra.
Ningún ahorro económico compensará el modo en el que esta medida envilece a nuestra sociedad y a nuestras instituciones públicas. Estamos convirtiendo en un infierno de incertidumbre y vulnerabilidad la vida de cientos de miles de hombres, mujeres y niños que llegaron a nuestro país para trabajar y prosperar. Seres humanos que conviven con nosotros, a menudo en nuestras propias casas, padecen una ciudadanía de tercera clase.
La medida es cobarde porque se dirige contra aquellos que no pueden defenderse. Por eso es absolutamente esencial que quienes tenemos la capacidad de levantar la voz lo hagamos ahora. La oposición debe expresar con claridad lo que esto significa. La Conferencia Episcopal no puede mantener por más tiempo esta tibieza bochornosa (son sus propias organizaciones y fieles los que trabajan en las trincheras de la política migratoria, defendiendo la dignidad de nuestras comunidades). Los médicos, los enfermeros y enfermeras, el personal de administración de los centros de salud: rebélense contra esta medida. Niéguense a cumplir una ley que atenta contra la naturaleza de su profesión.
No permitamos que esto ocurra. No admitamos la derrota del sentido común y de la compasión en nuestras conversaciones en el trabajo, en los colegios de nuestros hijos, en las reuniones con amigos. No aceptemos que, tratando de no ser una sociedad pobre, nos estamos transformando en una sociedad estúpida y cruel.

Sobre el autor: Gonzalo Fanjul lleva más de veinte años dedicado al activismo contra la pobreza desde España, Perú y Estados Unidos. Colabora como investigador con diferentes think tanks, universidades y ONG, lo que nos va a permitir contar con las aportaciones y la complicidad de un buen puñado de expertos repartidos por todo el mundo. @3500M está coeditado con Lucila Rodríguez-Alarcón.