Próximos al 9N Los catalanes de origen colombiano e independentistas hablan al respecto

4.11.14



“Cuando llegué a Cataluña, hace 13 años, los independentistas eran una minoría y casi no se hablaba del tema. Pero en el 2006, cuando quedó claro que el gobierno de (José Luis Rodríguez) Zapatero no iba a apoyar el Estatuto de Autonomía que el Parlamento catalán aprobó por mayoría, aquí se encendieron todas las alarmas. Nos sentimos traicionados como pueblo y empezamos a creer que la independencia era el único camino posible”.

Así se refiere el antioqueño Juan Felipe Galvis al momento que muchos consideran como el detonante de la actual crisis entre Cataluña y España, que vivirá un nuevo hito este domingo, cuando el gobierno regional celebrará una consulta ciudadana simbólica sobre el tema de la independencia, después de que el referéndum convocado en un principio fue suspendido por la justicia española.

En el 2006, el Estatuto de Autonomía fue redactado de nuevo por las Cortes Generales (el Legislativo), eliminando el término ‘nación catalana’, omitiendo el ‘deber’ de aprender catalán y enterrando la posibilidad de que esta comunidad autónoma tuviera un consejo de justicia y un sistema de financiación propios.

Cientos de 'estelades', las banderas independentistas catalanas, se vieron en Barcelona durante la celebración del Día Nacional de Cataluña ('Diada'), el 11 de septiembre.


Ocho años después, Galvis, que llegó a este país cuando tenía 10 y que estudia Derecho en la Universidad de Barcelona, está convencido de que las relaciones con España están rotas y de que la independencia de Cataluña sería lo más conveniente para ambas partes.

Él se autodefine como colombiano, hijo de inmigrantes paisas, a los que les interesa muy poco la política local: “Logré convencer a mi mamá de que votara por primera vez en su vida en las elecciones del 2011, y ahora la veo (como muchas personas de su edad) con la incertidumbre de qué pasaría después de un proceso independentista”.

¿Qué sucederá con los años que he cotizado para la jubilación? ¿Perderé la nacionalidad por la que luché tantos años? ¿Me obligarán a aprender catalán? Esta es la clase de preguntas que se plantean muchos latinoamericanos residentes en esta región, que ven en la independencia algo ajeno a sus preocupaciones cotidianas, pero posible en la medida en que la presión ciudadana es creciente.

Los portavoces de los diferentes movimientos soberanistas intentan tranquilizarlos con el argumento de que los inmigrantes tendrán la suerte de ser “ciudadanos fundadores de una nueva república” y expresando que, “en cualquier proceso de independencia, lo primero que se hace es una ley de continuidad jurídica que garantice los derechos adquiridos en el Estado anterior”, de manera que se podrían hacer valer los derechos que hoy da el pasaporte español o reclamar una pensión obtenida años atrás, por ejemplo.

Sin embargo, nada está escrito y lo único claro por el momento es que quienes participan en el proceso lo hacen sobre la esperanza de una nueva Cataluña.

Inmigrantes activos

Pensando en comprometer a los extranjeros con la causa, se creó el movimiento Sí amb Nosaltres (Sí con nosotros), en el que tienen cabida las personas que no nacieron aquí, pero quieren la soberanía. Y aunque no están de acuerdo con la forma en que se planteó la consulta del 9 de noviembre, porque solo se permitirá votar a los inmigrantes que lleven más de tres años como residentes legales, consideran que hay que sumarse al proceso porque “representa una oportunidad para que los extranjeros demuestren su voluntad democrática y de implicación en el devenir de nuestro país”.

Yovany Serna, de Armenia, es portavoz de Sí amb Nosaltres en Puig-reig, la población de 4.300 habitantes en la que vive desde hace nueve años, cuando llegó como auxiliar de enfermería, gracias a un programa del Sena. “Me tocó aprender lo básico del catalán para entenderme con los abuelos a los que cuidaba en la residencia, pero no ha sido un problema –cuenta ella–. Al contrario: me ha permitido conocerlos más y darme cuenta de que son unos enamorados de su tierra y sus tradiciones, y eso me encanta”. Serna, que ahora está desempleada, intenta convencer a su esposo, también colombiano, de las ventajas de la independencia: “Podremos manejar nuestros propios impuestos y mejorará la calidad de vida. No sé nada de política, solo sé que los catalanes son un pueblo que tiene derecho a decidir sobre su futuro”.

Con esa misma consigna, el movimiento ciudadano Asamblea Nacional Catalana (ANC) lidera manifestaciones multitudinarias en las que se destacan las banderas independentistas con la estrella blanca (estelades) y frases como ‘votar es normal’, para reclamar el derecho a una consulta popular.

En una de esas manifestaciones, Omaira Beltrán portó orgullosa una bandera colombiana con la frase ‘Colombia te quiere libre’, porque cree que la independencia es un tema de derechos humanos, el único camino “para volver a ser la gran nación que fueron, para hacer sus propias leyes, para construir un nuevo país”.

Beltrán, una periodista bogotana que vive en Cataluña desde hace 19 años, fundó el movimiento Inmigrantes por la Independencia, de la ANC, preside la Asociación Intercultural Llatins per Catalunya (Latinos por Cataluña) y trabaja en la sectorial de políticas de inmigración del partido Esquerra Republicana per Catalunya (ERC). Se convirtió en vocera de la causa porque “el problema de la información sobre el tema es que está en catalán y los latinoamericanos solo se informan en castellano, con la visión españolista que viene de Madrid; no les interesa aprender catalán”.

Pablo Iglesias, líder del nuevo partido español Podemos.


La lengua

Bilingüe y enamorada de esta tierra, la comunicadora piensa que los inmigrantes podrían tener más oportunidades si dominaran la lengua local, pero no niega que esta sociedad sigue teniendo prejuicios sobre el origen de las personas.

“Desde Llatins per Catalunya trabajamos para romper con esa realidad y que algún día todos seamos parte de lo mismo. Hay mucho trabajo por hacer y eso no podemos dejarlo en manos de otros”, explica con algo de tristeza por el hecho de que el inmigrante no deje de serlo, aunque haga su mejor esfuerzo por integrarse.

“El catalán se utiliza como herramienta de discriminación, sobre todo a la hora de dar trabajo”, apunta la también bogotana Sandra Yáñez, quien lleva siete años en Barcelona, haciendo un doctorado en Filosofía. Tanto ella como Omaira Beltrán están casadas con catalanes y admiten que esa circunstancia las ha acercado más a los reclamos sociales.

Yáñez enfatiza que su simpatía tiene que ver más con la sociedad civil que con los políticos: “Estoy con el movimiento ciudadano, pero no con un partido en particular. De hecho, creo que si Cataluña se independiza sería un error continuar con el mismo sistema político. Es una responsabilidad del pueblo que haya cambios reales en la forma de gobernar”.

Lo mismo opina Galvis, para quien la independencia se resume en la palabra ‘oportunidad’. “La independencia es una oportunidad de hacer las cosas de manera diferente. La tomas o la dejas, pero ahora no la tenemos y por eso hay que votar el 9 de noviembre”, reclama.

“A mí nadie me dijo que aquí se hablaba catalán ni que esta región fuera diferente del resto de España, yo lo fui descubriendo sola y me gustó mucho que los catalanes me valoraran por mi esfuerzo y mi trabajo”, relata la enfermera Yovany Serna, convencida de que pronto algo cambiará para siempre en Cataluña.

“Este proceso no lo empezaron los políticos, sino los mismos ciudadanos y eso es algo que se desconoce afuera. Por eso voy a salir a votar el 9 de noviembre y a ser parte de la historia”, continúa Sandra Yáñez, quien escribe su tesis sobre las ciber-revoluciones (como la primavera árabe) y considera que este es un momento clave porque “está en juego la dignidad de todo un pueblo”.

El 92 % de nuestros inmigrantes dicen entender el catalán

Según el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), en esta comunidad autónoma viven 38.318 colombianos. A estos habría que sumar los 18.239 que obtuvieron la nacionalidad española mientras vivían en Cataluña entre el 2010 y el 2013, de los cuales muchos ya se habrán marchado. De los que quedan, el 92,2 % dice entender el catalán, el 35,8 % lo habla, el 61,2 % sabe leerlo y el 25,8 % lo sabe escribir. Estos datos refuerzan las cifras del Consorcio para la Normalización Lingüística de Cataluña (CPNL), pues de los 78.790 inscritos en cursos presenciales de catalán durante el 2013, el 62 % eran extranjeros y la gran mayoría de ellos, de origen latinoamericano.

En cuanto a la consulta independentista que sigue convocada para este 9 de noviembre, se espera una amplia participación de catalanes residentes en diferentes países, como Colombia, donde habrá una mesa de votación dispuesta en Bogotá, en la carrera 10.ª n.° 97A-13, torre B, oficina 706 (World Trade Center).

Los colombianos entienden el catalán.

ZULMA SIERRA
Para EL TIEMPO
Barcelona (España).

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