Regularización de inmigrantes en Marruecos

2.1.14

El proceso de regulación se iniciará el 1 de enero de 2014 y durará hasta el 31 de diciembre del mismo año. Según estimaciones oficiales se beneficiarán de estas medidas unos 15.000 subsaharianos, además de varios miles de extranjeros de otras nacionalidades, entre ellos centenares de españoles.
Imagen del Parlamento de Marruecos


Marruecos, en una iniciativa sin precedentes, aprobó la regularización extraordinaria de inmigrantes que viven y trabajan en el país. El proceso de regulación se iniciará el 1 de enero de 2014 y durará hasta el 31 de diciembre del mismo año. Según estimaciones oficiales se beneficiarán de estas medidas unos 15.000 subsaharianos, además de varios miles de extranjeros de otras nacionalidades, entre ellos centenares de españoles, que ocupan trabajos en la enseñanza privada, la construcción, los servicios, la hostelería, etc. Paralelamente se van a atender alrededor de 800 solicitudes de asilo y refugio avalados por la oficina de NN.UU. en Rabat.

La iniciativa de las autoridades marroquíes, saludada por las organizaciones de la sociedad civil marroquí, es única entre los países de la zona. Con ella han mostrado habilidad política, en primero lugar para con sus ciudadanos, sobre todo los que formamos parte de la diáspora, en segundo lugar con los propios inmigrantes de terceros países que optan por instalarse en Marruecos y en tercer lugar, con los estados amigos, socios y con todos los que comparten estos problemas, particularmente la Unión Europea, los países subsaharianos y del África occidental. 

La larga duración del proceso de implantación de la valiente apuesta Marroquí en relación con el número de beneficiados, se explica, fundamentalmente, por que se desarrollará en un entorno y un contexto regional e internacional convulso y de gran complejidad, no sólo en lo que atañe al hecho migratorio en sí, sino debido también a la agitación política que se vive en todo el área mediterránea, en el Sahel y en África subsahariana. Debe considerarse también que el desarrollo de estas medidas tendrá numerosas repercusiones sociales, políticas y mediáticas en los países de las dos orillas del Mediterráneo.

Tomarse el tiempo necesario viene determinado por la envergadura y la complejidad de la iniciativa, por la necesidad de acertar y no quedarse en el intento y, sobre todo, para que no quede reducido a un anuncio para consumidores internos y externos. Como ciudadanos, nuestro empeño por el éxito del proceso de regularización y nuestro compromiso con el hecho migratorio en su conjunto, es del mismo calibre con el que estamos teniendo con las reformas políticas que se están llevando a cabo en Marruecos. Concebiremos la transformación del país hacía niveles de apertura democrática aceptables, si el trato que se dedique a los que aportarán su esfuerzo y su bagaje al desarrollo de Marruecos, equivale al que reciban los ciudadanos autóctonos. Nuestra razón de ser como actores y como transmisores de valores no sería completa sin nuestro compromiso con los que deciden elegir Marruecos como país de destino.

Desde “los años de plomo” de la época de Hassan II, el movimiento asociativo democrático marroquí en el extranjero, particularmente en Europa, ha reclamado siempre el derecho a la ciudadanía completa aquí y ahí. Entendemos por ciudadanía completa ahí, vivir en libertad, en democracia y con dignidad. Y como ciudadanía completa aquí, vivir como personas, en igualdad de condiciones, con los mismos derechos y deberes que los demás ciudadanos. Es el eslogan por el que hemos luchado y por el que seguimos luchando. Es por ello que queremos que Marruecos sea un país de acogida y de tolerancia, un país coherente que, a la hora de avanzar iniciativas políticas dirigidas a los que han elegido voluntariamente, o se han visto obligados a vivir en Marruecos, utilice los criterios que aseguren esa coherencia social y, en lo esencial, no distinga entre autóctonos e inmigrantes.

En ese sentido el Consejo Nacional de Derechos Humanos (CNDH) elaboró un informe sobre la situación de los extranjeros y solicitantes de refugio en Marruecos, en el que se indican con claridad los caminos por los que se debe transcurrir.

En primer lugar es necesario un marco legislativo nuevo y justo que se sustente en los valores universales y las convenciones internacionales sobre todo aquellos que Marruecos ha ratificado. El marco legislativo actual es un marco desfasado que no responde ni a las recomendaciones del CNDH, ni a los compromisos adquiridos por Marruecos. 

Si las organizaciones de Derechos Humanos y las Asociaciones de apoyo a los Inmigrantes en Marruecos están haciendo un trabajo loable hacía el colectivo de inmigrantes, particularmente hacia los más vulnerables, los partidos políticos y, sobre todo, las organizaciones sindicales tienen que esforzarse para adecuar su cultura partidaria y sindical a la presencia de nuevos ciudadanos que requieren un espacio propio para que su participación y su contribución pueda desarrollarse en igualdad de condiciones. Esta no es, ni mucho menos, una tarea fácil, pero concienciarles desde el principio para que abran sus espacios al debate y a la incorporación de esos nuevos ciudadanos supondrá una ocasión inigualable para que la aportación de unos actores primordiales esté a la altura de las circunstancias. 

Como actores individuales o colectivos en el seno de un sindicato, de un partido, de una asociación u organización en la diáspora, nos corresponde jugar un papel importante, cada uno desde su espacio y su capacidad, para brindar asesoramiento y apoyo a los procesos de transformación en Marruecos, tanto en su nueva orientación política hacía el fenómeno migratorio cómo en los procesos de cambio y de apertura política que está conociendo el país.

En estos momentos transcurren intensas negociaciones entre Marruecos y la Unión Europea para el establecimiento de un acuerdo de libre comercio y al mismo tiempo están en un proceso de ajuste de Marruecos al acerbo comunitario que le sitúe en un lugar “algo menos que miembro pleno pero más que un socio”. Para poder culminar estos esfuerzos existen importantes requisitos previos en materia de apertura económica y política, pero también existen una serie de obligaciones en materia migratoria. Desde aquí pedimos a las dos partes que, por encima de cualquier otra consideración, hagan prevalecer la integridad y la dignidad de las personas migrantes en los acuerdos a los que se pueda llegar.

A las organizaciones de la sociedad civil tanto de los países de la Unión Europea cómo de Marruecos, así como a las asociaciones más representativas de marroquíes en Europa, se les confiere, un papel de primer orden en el seguimiento y vigilancia de los acuerdos, sobre todo en lo que atañe a los derechos humanos y las libertades tal cómo figura en la Declaración Conjunta que establece una Asociación de Movilidad entre el Reino de Marruecos y la Unión Europea y sus Estados Miembro, firmada recientemente. 

Marruecos al apostar por una política migratoria basada aparentemente en la valentía y la equidad abre una nueva etapa en sus relaciones con sus propios ciudadanos y con sus socios. Sitúa en el punto de mira a otros países de la zona que se esconden detrás de eslóganes y pretextos y obliga a más de un país de la Unión Europea a que, antes de exigir a Marruecos ser el gendarme de Europa en el norte de África y el parapeto ante cualquier tipo de amenazas, dejen de mirarse el ombligo, se alejen de la demagogia y la política del miedo y asuman sus responsabilidades con criterios más acordes con los valores que como países de democracia avanzada se les supone. Debemos recordarles que los vientos de odio y de rechazo que soplan en la actualidad en más de un país europeo no les eximen de sus responsabilidades ni les otorga patente de corso para exigir a los demás lo que obvian en el suyo. De la misma manera Marruecos no sólo esta obligado a cumplir con lo prometido sino debe ir afianzando su compromiso con el Estado de Derecho de manera inequívoca y con hechos palpables. 

Viendo el contexto y el estado de cosas existente en la zona y constatando cada vez más el grado de solidez de las relaciones entre Marruecos y España, creo que podría establecerse una asociación estratégica al servicio de los intereses de los dos países y de la prosperidad de sus ciudadanos, pero también al servicio de la estabilidad política y económica en toda la región, estabilidad que no debe idearse, bajo ningún concepto, a costa de conquistas sociales o derechos adquiridos. 

En este mismo espacio ya dijimos en otras ocasiones que, en su relación con Marruecos, España tiene que buscar su propio espacio, porque lo tiene por historia, por geografía y por el volumen de los vínculos económicos y humanos, en vez de pretender desbancar a tal o cual país. Consideramos que las circunstancias regionales e internacionales son hoy más que propicias para que la alianza entre los dos países suponga un impulso importante y procure un aliento nuevo en toda la zona que contribuya a su estabilidad y propicie un periodo de mayor prosperidad.

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